Desplegó sus alas y echó a volar
En primer lugar infinitas gracias a todos, y digo todos porque creo que no faltó nadie, por la maravillosa fiesta que ha pasado por aquí, por vuestros deseos y por vuestro cariño, también muchas gracias por los regalos añadidos a estos, gracias. Una fiesta llena de cariño y buenos deseos, también de mi para vosotros.
Hoy necesito hablar desde lo más hondo de mi corazón, desde la pena y la alegría, desde la esperanza y sobre todo desde el amor.
Muchas veces me he preguntado qué es el amor.
Hace ya muchos años, aunque parezca cercana, en esta tierra hubo una guerra, una estupidez que repartió muerte entre hermanos, una tormenta que apagó la mirada a miles de niños y madres, un Sol de rabia que meció las cunas durante años.
Rosa, en la flor de su juventud, desde su pasar inadvertido, desde la mirada tímida y las mejillas sonrosadas, desde la niña de pelo negro laceo ...
Pedro, tan alto, tan guapo, tan admirado por su corazón cálido, alegre y transparente, tan deseado y tan romántico, tan fiel al verdadero amor que sus ojos estaban ciegos ante cualquier situación diferente...
Allí estaban los dos, paseando su amor por las pedregosas calles embarradas, entre ovejas y gallinas, frente al fuego cocinando alegrías que sino alimentaban si quitaban el hambre... amándose, AMÁNDOSE.
Casados, unidos, con el primer fruto de su amor en camino, con la casa llena de sueños e ilusiones, con la vida soñada por los dos, con el amor de la mano... amándose, AMÁNDOSE.
Pedro, tienes que partir mañana... volverás pronto... no te preocupes estarás bien... cuidaremos de tu familia...
Nació su hijo, un niño tan alegre, tan deseado...
Cuando Rosa viajó cerca de Pedro para que el conociera a su hijo la expansión de sus energías inundó la Tierra, estaban juntos, con el niño... amándose, AMÁNDOSE.
Rosa aún no había llegado de vuelta a la estación del pueblo dejando atrás a su marido cuando un telegrama ya esperaba entre aquellas transitadas vías... ahora fantasmas de lo que fueron.
Su cuerpo se hundió entre las aguas del río y el de ella y su hijo entre las lágrimas, de dolor, de incredulidad, desesperación, rabia... lágrimas.
Cuantas veces le escuché decir: "En aquel momento todos se refugiaban en el campo. A mi me daba igual que me mataran... yo ya estaba muerta."
Las canciones que él le enviaba en sus cartas de amor le abrazaban calmando sus pesadillas, sus poemas y dulces palabras, sus palabras realmente preciosas y abrumadoras, no sólo por ellas mismas sino por la fuerza que traían consigo, la acompañaron todos los días.
La alegre mirada del niño se apagó, no conoció risa ni canción, no en su infancia, pero por no dejaros preocupados por él os diré que un día apareció un hada madrina tan fuerte y firme como alegre y viva.
Todos los días durante casi setenta años Rosa recordó y lloró al hablar de su amor, al mirar su cara en la pared, al leer sus palabras o simplemente al abrazarle desde su vida envuelta en luto, la ropa es el mínimo signo de luto cuando la pena es tan grande, no hay normas, el luto se vive, no se lleva.
Todos los días... amándose, AMÁNDOSE.
El día de mi cumpleaños el Universo quiso reunir a Rosa y a Pedro, un momento tan esperado que creo que aprendió a amar la hora de su muerte.
La vida le dio alegrías, fue larga y le dio un cuerpo fuerte para vernos crecer a todos, ya podía partir en paz.
Yo la adoro, la quiero y admiro desde lo más profundo de mí ser, tan buena... Siempre me escuchaba, sin juicios, con tanta comprensión, con tanto cariño. Tan pequeñita y con unas espaldas tan enormes para aguantar la carga.
Se que está feliz, se que están juntos, que ahora los dos descansan.
Que tú camino tenga un buen trazo y que tengas la oportunidad de vivir tu sueño. Te quiero, siempre.

Muchas veces me he preguntado qué es el amor, ahora se que amor era escuchar a mi bisabuela hablar de su marido y vivirle todos los días.